
Neurociencia para habitar mejor
Seguramente alguna vez has sentido que simplemente con estar en un ambiente agradable y cómodo te cambia el estado anímico e incluso tu comportamiento.
El pasado 5 y 6 de junio asistí al Foro de Innovación Sostenible, celebrado durante la Semana Verde de la Arquitectura del CTAV. Allí confirmé que la conversación sobre el hábitat está evolucionando: ya no tratamos sólo de kilovatios‑hora, sino también de la huella de carbono, la salud y el bienestar de las personas.
La primera tarde quedó marcada por la voz serena de Jade Serra, arquitecta y cofundadora de Slow Studio. Su conferencia fue un viaje de una hora que condensó urgencias y esperanzas:
Jade desplegó después un abanico de soluciones tan antiguas como el sol y tan nuevas como los softwares de ACV. Habló de captar y tamizar la luz, de ventilación cruzada que renueva el ánimo y el aire, de cubrirnos con envolventes que respiran y de elegir materiales con bajo impacto: aislamiento de celulosa, fibra de madera, corcho, ladrillos de tierra compactada (BTC) y cal, junto con madera contralaminada (CLT) de procedencia certificada.
Todo ello sostenido por principios y determinación, conciencia y suficiencia (¿qué necesitamos realmente para vivir bien?).
El resultado es una arquitectura que cuida al habitante y al planeta a un tiempo, donde el beneficio individual se convierte en valor colectivo.
Salí con la mochila mental llena de títulos que Jade recomendó para nutrir la mirada:
En la sesión del viernes la Fundació València Clima i Energia presentó la Guía Verd(descarga aquí). El proyecto consta de dos tomos: el Volumen I (enfoque técnico) y el **Volumen II (**destinado a la ciudadanía y más enfocado a «aprender a utilizar la casa»). De este último quiero destacar que reúne prácticas cotidianas fáciles de aplicar que elevan el confort y la salud en el hogar mientras reducen el consumo energético:
En conjunto, el Volumen II subraya que pequeños gestos coordinados generan hogares más sanos, resilientes y climáticamente responsables.
Vuelvo del foro con una convicción reafirmada —y con más herramientas para sostenerla—: la sostenibilidad ya no es un extra, es la base del diseño actual.
Medir, declarar, limitar, regenerar: ese es el camino para repensar los espacios que habitamos.
Y eso empieza en lo cotidiano: elegir un revestimiento saludable, diseñar un alero o ventilar bien una casa. No se trata de discursos apocalípticos, sino de decisiones responsables, accesibles y replicables. Porque repensar lo que habitamos es, también, cuidar cómo vivimos.
Al fin y al cabo, la arquitectura siempre ha sido un diálogo entre el lugar, el tiempo y quienes lo habitan. Hoy ese diálogo pide que volvamos a poner la vida —toda la vida— en el centro. Y eso, más que un desafío técnico, es una invitación emocionante a repensar nuestro papel como diseñadores de futuro.
Como arquitecta enfocada en los espacios interiores, busco generar confianza en mis clientes mostrando soluciones prácticas y accesibles que mejoren el confort y la eficiencia de sus espacios. Tras participar en el Foro de Innovación Sostenible de la Semana Verde de la Arquitectura (CTAV), he identificado ideas claras y realistas que puedo incorporar ahora o en un futuro cercano.
Aislamiento natural: en tabiques y techos combinaré celulosa proyectada, paneles de fibra de madera y corcho en sistemas SATE, sustituyendo lanas sintéticas y contribuyendo a regular la humedad interior, evitando condensaciones y mejorando el confort.
Acabados de baja emisión: emplearé pinturas y barnices con certificaciones como EU Ecolabel, AENOR A+, EMICODE EC1, Norma UNE-EN ISO 16000, Indoor Air Comfort GOLD o Eurofins para garantizar aire interior saludable.
Madera local certificada: para mobiliario a medida, optar por CLT o pino de proximidad, minimizando la huella de transporte.
Empresas como Fustea permiten incorporar sus soluciones de tarimas y revestimientos de madera tratados, así como sus barnices y aceites de alta durabilidad para suelos y mobiliario, que ofrecen acabados estéticos y protección frente a la humedad y el desgaste.
Piedras de Rosal Stones: aprovecharé sus calizas mediterráneas y areniscas de cantera propia, como la calcarenita Albamiel, con tonalidades crema y textura fosilífera. Son ideales para revestimientos de suelos y paredes, aportando durabilidad, nobleza natural y baja huella de carbono gracias a su extracción local.
Revestimientos y acabados de corcho Biovalsure: exploraré sus colecciones de corcho acústico y decorativo, procedente de Portugal, para muros y techos que mejoren el confort térmico y acústico.
Nuevos materiales y soluciones: he descubierto productos que planeo incorporar:
“Medir, declarar, limitar, regenerar: ese es el camino para repensar los espacios que habitamos.”
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